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Nadie nace enseñado. Por lo general, todo se aprende mediante la experiencia o el estudio”. (Refrán español)

Efectivamente, como muy bien contempla nuestro refranero, nadie nace enseñado, mucho menos sabiendo como invertir. Actualmente, con los tipos de interés donde están, la inflación superando claramente a los tipos que ofertan los bancos por los depósitos, así como por las nuevas necesidades, son muchas las personas que se ven en una compleja tesitura. Hasta hace relativamente poco tiempo, la familia española tiene como preferencia para sus ahorros el depósito. En la actualidad, como comentaba anteriormente, son muchos los ciudadanos los que se enfrentan a una decisión de gran calado: transformarse en inversores cuando siempre han sido ahorradores.

Quizá lo primero es tener claro qué se entiende por ahorrador y por inversor. Un ahorrador pone su dinero en productos de máxima seguridad y que, además, le permitan acceder a ellos con la máxima brevedad. Sin embargo, detrás de esa seguridad, los ahorradores no tienen en cuenta si el tipo al que invierten es superior a la inflación o menor, como es el momento presente. En este caso, el ahorrador (por el efecto de erosión de la inflación) estará perdiendo poder de compra. A través de un ejemplo es muy fácil comprenderlo: ¿Qué ocurre si dejamos ahorrado el precio de un café, años después retiramos el dinero y vemos que por la subida del precio con el dinero ahorrado sólo podemos optar a medio café? La anterior pregunta es la razón que lleva a las familias a iniciarse en la inversión. Por inversión se entiende comprar activos financieros para que de esa forma (y manejando adecuadamente los horizontes temporales de la inversión) el perfil de riesgo y la comprensión de cómo funcionan esos activos se pueda, no solo mantener el poder adquisitivo, sino lo que es más importante: aumentarlo.

Para los ahorradores los productos elegidos son: cuentas corrientes y depósitos bancarios. Por el contrario, para los inversores sus preferencias se dirigen a acciones, bonos, fondos de inversión, fondos de pensiones y seguros de ahorro, entre otros.

Una vez despejada la duda conviene centrarnos en los pasos que se deben realizar para emprender el aprendizaje de cómo invertir. Para ello, los pasos a dar son:

  1. Preparar un plan financiero donde se contemple el patrimonio de la familia, los ingresos y gastos de forma detallada y cuales son los objetivos que la persona o la familia quieren conseguir en esta vida.
  2. El siguiente paso, muy importante, pagar las deudas que tengan interés muy alto lo antes posible.
  3. Empezar a ahorrar para invertir lo antes posible, dado que el tiempo es un aliado para aumentar los resultados y la magia del interés compuesto, que consiste en que los intereses se añaden al capital inicial, y así en cada pago de intereses, los nuevos réditos se calculan sobre un interés superior. Además, la diversificación rebaja el riesgo que conlleva toda inversión.

Precisamente el riesgo es la barrera que hay que superar para pasar del (aparentemente confortable) depósito bancario a los activos en que invierten los inversores. Toda inversión conlleva un riesgo, el riesgo es el precio a pagar para aumentar el rendimiento de los ahorros. Por ello, por existir riesgo, es importantísimo que cuando se lleve a cabo en activos que comprendamos en cuanto a cuánto se puede perder, durante cuanto tiempo se puede estar perdiendo y recordar que, a largo plazo o incluso a muy largo plazo, los resultados son muy superiores a los otorgados por los depósitos.

Ahora bien, el riesgo es atenuable y se puede acomodar a la exposición que cada persona quiera. Esto es posible a través de la diversificación o acudiendo nuevamente a nuestro refranero “no poner todos los huevos en la misma cesta”. Aunque esa diversificación no garantiza no sufrir pérdidas, las mismas no serán tanto como si no se hubiera llevado a cabo la inversión. También, algo no siempre remarcado: los inversores se protegen poniendo dinero de forma constante a sus inversiones durante largo tiempo.

Recuerde siempre la idea que subyace en la cabeza de todo inversor: cuando su dinero se pone a trabajar lo recibirá con un interés o resultados añadidos. El dinero invertido, generalmente, genera un ingreso; es decir, al igual que usted trabaja y recibe unas rentas por ello, su dinero está trabajando para usted generando una renta para usted.

Por otra parte, se aprende a través de la experiencia y de profesores o profesionales, como son los educadores y planificadores financieros, los que le ayudarán desde un primer momento. A través de la educación comprenderá e irá distinguiendo las características de cada uno de las diferentes alternativas, así como su fiscalidad. Los planificadores les ayudarán a modular su perfil de riesgo, planteando qué activos son los más convenientes, ayudándole además a poder decidir cual es la oferta que ha recibido y es más conveniente para usted. Y, por último, un consejo para que no se caiga en errores como recientemente ha ocurrido.

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